Sara y Miguel. Lo importante es el camino.


No estés lejos de mí un sólo día, porque cómo, 
porque, no sé decírtelo, es largo el día.

Neruda




A veces, hay hermosas casualidades y la vida pone en tu camino grandes personas. Sara y Miguel, sus familias, sus amigos, son un ejemplo de ello. Su boda fue un fiel reflejo de ellos mismos, donde hubo en todo momento naturalidad, frescura y juventud. Hubo juventud porque en todos ellos reinaba un espíritu joven, incluyendo a la abuelita de Miguel, que lucía preciosa y lozana (92 añines de vivencias) y disfrutó de ese día de principio a fin. 

Miguel y su familia me esperaban en su casa. Me enamoré del salón, con conchas de lugares lejanos, y con alguna antigüedad que me llamaba (Edén, Edén, estoy aquí) y me pedía salir en las fotos. Gracias por compartir conmigo un lugar así de fabuloso.

Los preparativos de Sara los realizamos en el Hotel Conde Luna de León. Una suite increible y muy amplia, lo cual es de agradecer. 
En su funda, colgado del ventanal, estaba el vestido de Sara, realizado por la diseñadora leonesa Lola Elcano, que fue la encargada de vestir a la novia para que luciese preciosa. La peluquería y maquillaje corrió a cargo de Óscar March que realizó, como siempre, un trabajo impecable. Adelaida Laine se encargó de vestir el recogido con una tiara de flores blancas realizada artesanalmente, dando un toque de elegancia. La novia no fue la única encargada de lucir una obra de Adelaida Laine.

El ramo, muy original, y los prendidos de Miguel, del padrino y del padre del novio son creación de Hand Work Factory, que también se encargó de decorar la Venta de la Tuerta, donde tuvo lugar la celebración. Una carpa rodeada de árboles mágicos y un molino de viento propio del Quijote son parte de sus atractivos.

























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